Que Suerte

Dicen que todo ésto es una locura, una alucinación

Que tu mundo y mi mundo no, que tu planeta y el mío no

Entre estrellas de televisión, ya había perdido toda ilusión

Hasta que me crucé contigo… ¿crees en el destino?

 


 

Comentarios

  1. A ti no te molesta tu propio olor. De hecho, si de repente desapareciera te sentirías un poco alterado, te sentirías un poco incómodo. No sentirías que tu yo es natural; sentirías que algo va mal. Si amas y no surgen los celos, empezarás a pensar que quizá no es amor. ¿Qué tipo de amor es ese? ¡No parece que haya celos.
    Sí, tu amor apesta, y el amor de todo el mundo apesta, pero tú solo lo sientes cuando estás manteniendo una relación. Todavía no te has dado cuenta de que tiene algo que ver contigo. En lo más profundo sigues pensando que es al otro a quien debe de pasarle algo. Así funciona la mente: carga la responsabilidad sobre la otra persona. Se acepta a sí misma y no hace más que buscar faltas en los demás.
    En un cine hay unas cuantas personas sentadas en la primera fila. Comienza la película y de repente empieza a oler muy mal. Uno de los espectadores se dirige al hombre que está sentado a su lado y le
    pregunta: —¿Qué pasa? ¿Te has “cagao” encima o qué?
    El hombre le responde:
    —Sí, ¿por qué?
    ¡La gente se acepta a sí misma totalmente! Todo lo que haga está bien.
    “¿Qué pasa? ¿Qué tiene de malo?” Son sus pantalones así que ¿por qué te metes? Además, ¡todos tenemos derecho a la libertad!
    Si tu amor apesta, trata de descubrir qué es lo que apesta exactamente. No es amor, es otra cosa. El amor tiene una fragancia; no puede apestar, es una flor de loto. Tiene que ser otra cosa; celos, deseo de posesión. Pero tú no has mencionado ni los celos ni el deseo de posesión. Los estás ocultando. El amor nunca apesta; es imposible; no forma parte de la naturaleza del amor. Por favor, intenta entender exactamente qué es lo que provoca el problema. Y no estoy diciendo que lo reprimas. Lo único que necesitas es tenerlo claro, eso es todo.
    Si son los celos, te aconsejaría que estés más pendiente de ellos. La próxima vez que surjan, en vez de enfadarte y cerrar tus puertas, siéntate en silencio, siéntate en meditación, y observa tus celos. Distingue de qué se trata exactamente. Te rodearán como un humo, un humo sucio. Te ahogará. Tendrás ganas de salir y hacer algo, pero no hagas nada.
    Permanece en un estado de no acción, porque todo lo que hagas en un momento de celos será destructivo. Simplemente observa.

    ResponderEliminar
  2. Si nos entendiéramos el uno al otro un poco más, si entendiéramos algo mejor la naturaleza humana, no habría celos. Pero es un antiguo legado de siglos. No es fácil librarse de él, no pretendo que lo abandones ahora mismo. Tendrás que meditar sobre él. Cuando te posea, medita sobre él. Poco a poco, la meditación creará una distancia entre tú y los celos. Y cuanto mayor sea la distancia, menos celos tendrás. Un día, cuando ya no haya celos, de tu amor emanará tal fragancia que ninguna flor podrácompetir con él. Todas las flores son vulgares comparadas con el florecimiento del amor. Pero tu amor está tullido por los celos, el deseo de posesión y la ira. No es que el amor apeste. Recuérdalo, porque conozco a personas que piensan que es el amor el que apesta así que se cierran, se vuelven herméticas, dejan de amar. Eso es lo que les ha ocurrido a millones de monjes y monjas a lo largo de los siglos: se cerraron al amor, eliminaron por completo la idea de amor. En vez de eliminar los celos, lo cual habría supuesto una revolución; en vez de eliminar el deseo de posesión, lo cual habría sido algo muy valioso, eliminaron el amor. Eso es fácil, no es muy complicado; cualquiera puede hacerlo.
    Es muy fácil ser monje o monja, pero amar y no ser celoso, amar y no ser posesivo, amar y dejar que la otra persona tenga su libertad, es un auténtico triunfo. Solo entonces experimentarás el amor y su fragancia.

    OSHO, Aprender a Amar, Cap. II

    ResponderEliminar
  3. Buda decía que no hay predestinación ni fatalismo, que cada quien llega a donde quiere llegar, yo tengo claro a dónde quiero llegar pero la sociedad había tenido éxito en mantenerme marginado, aislado, bloqueado, hasta que me topé contigo, fue una suerte, esperaba empezar ésta etapa en mi crecimiento espiritual en unos siglos todavía, ¡suerte la mía, gracias! Jajaja

    ResponderEliminar
  4. Y la canción que inspiró estos versos, de Alejandra Guzmán https://youtu.be/cs4NfE0eHMk

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Te Siento de Sólo Pensar

Amante Bandido