Bandido

Sí, lo confieso, he invadido tu espacio, tu vivir

Entré por la fuerza y sin permiso, cogí lo que no es mío

Me declaro culpable de haber robado una parte de ti

No quiero defensa, sé que merezco un castigo

 


 

Comentarios

  1. El ego no es más que una cáscara protectora; el niño la necesita porque está indefenso. El niño la necesita porque es débil, porque es vulnerable y está rodeado de millones de fuerzas. Necesita protección, un hogar, una base. Puede que todo el mundo se muestre indiferente pero él siempre puede volver la vista hacia su hogar, donde recuperará su importancia. Sin embargo, junto con la importancia llega el ego. El niño se vuelve egoísta, y con ese ego surgen todos los problemas a los que te enfrentas. Ese ego no te permitirá enamorarte. A ese ego le gustaría que todo el mundo se rindiera ante ti; no permitirá que te rindas ante nadie. Pero el amor solo ocurre cuando tú te rindes. Cuando fuerzas a otra persona a que se rinda es odioso, destructivo. No es amor. Y si no hay amor, tu vida no tendrá calidez, no tendrá ninguna poesía. Será prosa, matemática, lógica, racional. ¿Cómo puede vivir alguien sin poesía? La prosa está bien, la racionalidad está bien, es útil, hace falta, pero la vida que se desarrolla únicamente a través de la razón y la lógica nunca puede ser una celebración, nunca puede ser festiva. Y cuando la vida no es festiva, es aburrida. Hace falta poesía, pero para que haya poesía debes rendirte. Necesitas eliminar ese ego. Si eres capaz de hacerlo, si puedes dejarlo a un lado aunque sea solo durante unos instantes, tu vida tendrá destellos de lo maravilloso, de lo divino. Sin poesía no puedes vivir realmente, solo puedes existir. El amor es poesía. Y si no es posible el amor, ¿cómo vas a rezar, a meditar, a ser consciente? Se convierte en algo prácticamente imposible. Y sin una conciencia meditativa, seguirás siendo solo un cuerpo, nunca serás consciente de la profundidad de tu alma. Solo en la oración, en la profunda meditación y en el profundo silencio alcanzarás las cumbres. Ese silencio lleno de oración, esa conciencia meditativa es la experiencia más elevada; pero el amor es el que abre la puerta. Carl Gustav Jung, después de toda una vida estudiando a miles de personas, miles de casos de personas que estaban enfermas, traumatizadas, psicológicamente confundidas, dijo que no se había encontrado nunca con una persona psicológicamente enferma cuyo auténtico problema después de los cuarenta años no fuera espiritual. La vida tiene determinado ritmo, y hacia los cuarenta años surge una nueva dimensión, la dimensión espiritual. Si no eres capaz de enfrentarte a ella de forma correcta, si no sabes qué hacer, te pondrás enfermo, te pondrás nervioso. El crecimiento humano es continuo. Pero si no das determinado paso, se vuelve discontinuo. El niño acumula ego, pero si nunca aprende a
    dejar el ego a un lado, no podrá amar, no podrá sentirse a gusto con nadie. El ego estará luchando constantemente. Puede que estés sentado en silencio pero el ego estará constantemente luchando, buscando maneras de dominar, de ser un dictador, de convertirse en el gobernador del mundo.

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  2. Y aquí dejo la canción que inspiró éstos versos, Bandido de Alberto Plaza https://youtu.be/11NhdlU32Zw

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