Cima del Cielo
Estamos acá para traer a éste planeta un tiempo nuevo
Empecé a escribir una poesía y contigo quizá la pueda acabar
Pues sólo tú puedes tocarme de la nada, rozar todo mi cuerpo
Pero en la gloria, soy yo el que roza tu alma al final
Estamos acá para traer a éste planeta un tiempo nuevo
Empecé a escribir una poesía y contigo quizá la pueda acabar
Pues sólo tú puedes tocarme de la nada, rozar todo mi cuerpo
Pero en la gloria, soy yo el que roza tu alma al final
-Espero que no te hayas asustado de lo que has visto y si no tienes miedo seguiremos viendo más sucesos, ahora de esta zona- acentuó mirándome fijamente.
ResponderEliminar-No me asustaré, amiga. No importa que yo sea foráneo; me gustaría ver el futuro de esta región porque la quiero como si fuera mi tierra natal- suplicó él.
-Entonces, allí lo tienes- señaló Ivanka. De pronto, en la pantalla apreció la zona del Callejón de Huaylas. Luego el río Santa mostró su misteriosa cuenca con las ciento sesenta lagunas celosamente resguardadas por los picos nevados de la Cordillera Blanca. A continuación desfilaron los cataclismos que había soportado esa zona en el pasado, desde la explosión del planeta Apu que originó la formación de muchas galaxias. Después de hacernos ver las catástrofes pasadas, la pantalla del tiempo nos mostró las alteraciones que aquella región sufriría en el futuro. Una avalancha, originada por el desprendimiento de un casquete glaciar del Huascarán, arrastró al pueblo de Ranrahirca. A continuación apareció otro gigantesco alud del nevado del Huascarán, que al rodar por la tierra de temperatura abrigada, originó un huayco aterrador, el cual arrastraba piedras, árboles y rocas. Llenó de lodo las quebradas y sepultó en su camino a la ciudad de Yungay y a muchos miles de personas. Luego, en la pantalla del tiempo surgió algo espantoso: un terremoto sacudía la Cordillera Blanca, la nieve se derrumbaba y las aguas de las lagunas se desbordaban originando un terrorífico aluvión que arrasó todo el territorio. Un triste y desesperante panorama reemplazó al hermoso paisaje de las aldeas y ciudades andinas. En el lugar donde habían existido plazas, parques y bellezas naturales, obras maestras de las civilizaciones inca y europea, se veían ahora rocas y barrancos que asustaban. Aquella escena me horrorizó. Miré a Zay y le pregunté consternado:
-¿Se puede evitar esa catástrofe?
-Sí, con una sincera decisión de los hombres se lograría prevenir ése y los otros cataclismos.
-¡¿Cómo?!- interrogué.
Zay se quedó pensativo unos instantes; luego respondió:
-Organizando una evacuación de todas las ciudades y aldeas que se encuentran en la región; luego se tendría que fundir los nevados con productos químicos o bombardearlos, y después, cuando termine el huayco (deslave), reforzar los bordes de las lagunas y poblar la zona de nuevo. Sé que eso es trabajoso, pero también es el único modo de evitar la catástrofe y posibilitar la tranquila vida futura en esa región, durante miles de años.
-¿Podrían ustedes impedir esa destrucción?
-En caso de encontrarnos acá cuando ocurra, sí. Lo hemos impedido varias veces, pero si estuviéremos en otro lugar en el espacio, no estará a nuestro alcance.
Tomé ésta foto cuando fui a Huaraz en 2012 desde el camposanto de Yungay donde está la ciudad sepultada.
ResponderEliminarAcá dejo un video sobre el desastre Yungay de 2024 https://youtu.be/5xSu85iL0f8
Y la canción que inspiró éste poema… https://youtu.be/56cMhMMKDJ4
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