Vuela Vuela

Soles, planetas, nebulosas y galaxias atravesaste volando

Vuela vuela

Y al llegar a la tierra bajaste de tu nave a ayudar a un niño que requería tu atención

Vuela vuela

En un sueño consciente o meditación te terminé invocando

Vuela vuela

Pero ahora sin pedirlo ni pensarlo siento que hay alguien aquí, no es sólo imaginación

Vuela a dónde quieras que yo te alcanzaré

 


 

 

 

 

Comentarios

  1. Quispe se acercó y me dijo: -No tema, señor, la madre del niño dice que los dioses del cielo
    vendrán para curar a su hijo y que no lo toque más.
    Eso calmó un poco mis nervios y creí que se trataba de algún brujo que vendría a curar al pequeño, utilizando rituales con fuego, humo y otros objetos...
    -¿Nos quedaremos para conocer a los dioses?— pregunté a Quispe que estaba esperando mi decisión.
    -Sí, señor, por favor, quédese, va usted a ver algo muy interesante, le aseguro que le va gustar- sugirió con entusiasmo.
    -Está bien, Quispe, nos quedaremos para presenciar la llegada de esos “dioses”- dije con expresión de burla.
    [...] un niño llegó y se sentó a mi lado. Me hablaba con emoción, en quechua; yo no le entendía, pero me parecía que me explicaba algo sobre su perro. […] habían transcurrido decenas de minutos sin que nos diéramos cuenta. El cielo despejó un poco y los negros nubarrones se convirtieron en nubes aborregadas. No obstante que yo no comprendía el idioma de los pequeños ni ellos el mío, la conversación se desarrollaba en la más perfecta armonía. […] Quispe me agarró del hombro bruscamente.
    -¡Mire para allá, señor!- gritó con desesperación. Volteé la cabeza hacia la dirección señalada y vi que un aparato parecido a una AVIONETA descendía verticalmente desde las nubes. Se posó entre las cabras y ovejas sin hacer ningún ruido. Era de color diferente al de los platillos que había visto anteriormente. Pensé que se trataba de alguna maniobra militar y esperaba que desembarcaran los soldados para conversar con ellos. Al poco rato, del interior de la nave salió uno de los extraños.
    Vestía la malla, para mí ya familiar, pero su talle difería de los que había visto antes. Este tenía hombros como los nuestros, cadera pronunciada y era de menor estatura. Se dirigió hacia nosotros sin pisar la hierba, desplazándose en el aire a unos centímetros del suelo. -¿Por qué anda de esa manera?- pregunté a Quispe, confundido.
    -Dicen que para no torturar a las células del césped, pisándolas- respondió éste con tono serio. Yo sonreí. Los perros corrieron hacia el extraño; él los acarició. Los canes se pusieron contentos, parecía que estaban familiarizados con él. Mientras el extraño se acercaba hacia nosotros, me di cuenta que Quispe y todos los campesinos estaban arrodillados con las palmas juntas frente a la cara e inclinados hasta el suelo. Parecían estar en una ceremonia religiosa. Eso me sorprendió, pero también aclaró la incógnita sobre la llegada de los “dioses” que la madre del niño me había anunciado una hora antes. Mientras tanto, el extraño ya estaba entre nosotros. Enseguida noté que era de raza blanca y esto confirmó mis sospechas de que eran espías. Al observar con atención, me di cuenta que el visitante era mujer porque sus senos así la identificaban. Ella hizo una señal a los campesinos para que se levantaran, y éstos obedecieron sin demora. La visitante se dirigió hacia la cabaña sin hablar con nadie, entró y luego salió cargando al niño en brazos; lo llevó a la nave sin demora.
    Todos los presentes permanecíamos en silencio, pero en los rostros de los pastores se notaba una expresión alegre.

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  2. […]
    Mientras yo esperaba que la desconocida devolviera al niño vendado e inconsciente, frente a mis ojos apareció una escena inconcebible, ilógica e insólita. De pronto vi que el niño bajaba solo por la escalerita de la nave y al llegar al suelo corrió hacia nosotros, agachándose de vez en cuando para coger las piedras, mostrando así su perfecto estado de salud. Por haberlo visto cuando estaba hinchado, no lo reconocía y pensé que éste era otro niño, miembro de la tripulación. Entonces esperé la reacción de la madre del pequeño. Aún el chiquito no había recorrido la mitad de la distancia entre la nave y nosotros, cuando su madre corrió hacia él gritando de emoción. Los
    presentes se abrazaban y daban gritos de alegría. Quispe, con los perros, también corrió hacia la madre y el hijo, dando saltos de alegría. Cuando todo estuvo calmado, supliqué a la madre del niño que me permitiera examinarlo. Quispe actuó como intérprete y la mujer aceptó. Me acerqué al pequeño, ahora con el rostro sonriente y de color natural, deshinchado y de aspecto agradable, le tomé del brazo antes fracturado, y empecé a revisarle costilla por costilla. A pesar que estos
    casos insólitos alteraban mi paciencia, procuré conservar la serenidad lo más posible, para tener seguridad de lo que estaba examinando. Quién sabe cómo hicieron esa curación, mas yo no pude descubrir en su brazo vendas ni cicatrices. El niño no mostraba ninguna anormalidad en su organismo y eso lo demostraba con su sonrisa, su agilidad y la exigencia a su madre para que le dé de comer. Mientras yo estaba examinando al “paciente resucitado” y me asombraba de lo que acababa de suceder, la extraña médica, con un compañero suyo, ya estaba entre nosotros. Sonrientes y con miradas que expresaban respeto y amabilidad, trataban de explicar a los campesinos que los buenos hechos deben ser memorizados para imitarlos.., y por eso no precisaban de agradecimientos, pagos, elogios ni zalamerías. Hablaban, a mi parecer, en idioma quechua, porque, de vez en cuando, hacían reír a los campesinos hasta hacerlos lagrimear, pero, a la vez, yo también escuchaba la conversación en mi idioma materno, como si una máquina tradujera las palabras, en un mismo momento, a varios idiomas. Quise asegurarme de eso y hablé a Quispe. -¿Tú entiendes lo que están hablando?- le pregunté.
    -Sí, comprendo claramente- respondió.
    -¿En qué idioma están hablando? No les oigo bien- interrogué a Quispe de nuevo, para asegurarme de que estaban hablando lo que verdaderamente yo percibía.
    -Ellos hablan en su propio idioma y también en todos al mismo tiempo- respondió él con gesto de afirmación.
    -¿Cómo es eso, Quispe?, explícamelo. ¿Tienen alguna máquina que traduce simultáneamente su idioma a otros?
    -No conozco eso, señor, sólo sé que una vez nos contaron que unos iones positivos hacen que todo los seres vivientes que traten con ellos, entiendan sus palabras simultáneamente. En eso, la extraña “médica” se me acercó.
    -Mi nombre es Ivanka, amigo ¿Cuál es el tuyo?


    Vitko Novi, 170 horas con extraterrestres, Domingo 15 de Mayo de 1960

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  3. Los Artefactos de Quimbaya que actualmente están en el Museo de Oro de Bogotá son idénticos a las naves que Vlado Kapetánovich dice haber visto en el Callejón de Huaylas cerca a la ciudad de Huallanca en el actual Perú y del cual descendían unos extraños seres con forma humana pero más altos que decían provenir de un lejano planeta llamado APU.

    Y por supuesto no podía faltar la canción de Magneto jijiji https://youtu.be/EJ43aPZ06Vk

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