Pretty Woman

Beauty, nice, pretty, I saw in you at the beach

It must have been love

I saw that in despite suffer and death almost reached you

It must have been love

You was selling your love but five crowns wasn't my gift

It must have been love

My present was that you and me far away flew

It must have been love but is over... the cosmos now

 

 


 

 

 

Comentarios

  1. -¡Eh!. .. ¿Adónde vas? -preguntó una voz femenina a Pedro cuando caminaba por la playa
    de Ploce, a la orilla de la parte yugoslava del mar Adriático [actual Croacia], cerca de la ciudad de Dubrovnik.
    -Voy al pueblo -contestó. Al oír la voz se detuvo y vio una chiquilla con el cabello largo y
    echado al viento que asomaba entre las piedras y peñas.
    -Ya sé que vas al pueblo, en busca de mujeres, como lo hacen todos los marineros, ¿no es
    así?
    -No voy precisamente para eso, pero. . . ¿quién sabe? Tal vez. La vida a bordo cansa y
    aburre, por eso decidí pasear un poco por la ciudad para conversar con la gente.
    -¿Cómo te llamas? -preguntó de nuevo la muchachita, que salía de entre los peñascos.
    -Pedro. . .
    -¿Nada más que Pedro?
    -Sí, tengo también mi apellido.
    -¿Cuáles? ¿Quieres decírmelo?
    -¿Para qué? -dijo Pedro, sorprendiéndose por el atrevimiento de la muchachita, quien ya le
    estaba aburriendo con tantas preguntas.
    [..]
    “¡Pedro!, ¿por qué me huyes?.. Quédate sólo un rato”, insinuó con su vocecita suplicante. Y
    cruzando la pierna mostró su muslo de niña, flaco y blanco como el papel.
    Pedro se detuvo de nuevo; sintió repugnancia. La chica tuvo un violento acceso de tos y
    arrojó saliva espesa, amarillenta.
    -“Ven, acércate. Ustedes los marineros son gente buena, tratan bien a las mujeres, y no son
    tacaños. Los otros sí son brutos, sucios, dan asco -expresó, y arrugó la frente. Se ruborizó-. Ven... te
    daré un beso. No seas malo, ven; claro que soy una niña, pero también hago el amor; me enseñaron a hacerlo muy bien. Te lo demostraré en seguida. No tengas miedo que vaya a gritar, ¡no!, eso ya pasó.

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  2. Se detuvo. Un sentimiento de horror y asco se apoderó de su ser, al encontrarse ante tan horrible fruto de la miseria.
    -“Vamos apúrate, no te cobraré mucho, lo que me des lo acepto. Me doy cuenta que no eres
    abusivo. La clase de hombres a la que tú perteneces son bondadosos”, dijo la niña, interrumpiendo
    los pensamientos del marinero. Este recuperó la serenidad y, como volviendo de un profundo sueño,
    vio frente a sí a una pequeña adolescente, desaseada, mal vestida y pálida por la desnutrición. Se dio
    cuenta que la muchacha era una víctima más de la miseria y sintió desprecio por la vida, por la vileza a que conduce la necesidad del dinero, convertido por el hombre en el único medio para poder vivir.
    -¿Cuál es tu nombre?
    -Me llamo Ivanka, pero qué importa. Vamos -contestó ella, insinuante, señalando con la
    mirada el peñón.
    [...]
    “Vamos rápido antes que venga la jefa a buscarme; nos prohíbe que nos acostemos con los
    hombres antes que ella cobre. Luego nos entrega a los clientes como si fuéramos objetos para el
    juego. .. ¿Qué te pasa?, Hazme el favor, necesito dinero, mis hermanitos se encuentran enfermos y
    hambrientos”, suplicaba la muchacha, jalando a Pedro hacia 1a peña.
    Horrorizado y sin darse cuenta de lo que hacía, Pedro se encontró de repente tras del
    peñasco solitario y cómplice. Una cantidad de paja de trigo había allí extendida sobre la arena
    aplanada. La niña soltó la mano de Pedro bruscamente y se tendió sobre la paja.
    “Te obedeceré en todo con tal que me des algún dinero para el pan de mis hermanitos... No
    quiero que se vayan a morir de hambre... Tú eres bueno; lo veo en tu mirada; no creo que me
    engañarás como los otros”, decía la chiquilla, con voz entrecortada y ojos llenos de lágrimas.
    El marinero se estremeció de horror. Pensó en Dios, en la sociedad y culpó al hombre por
    inventar el dinero, que corrompe y conduce a la humanidad al egoísmo, a la esclavitud, a la
    explotación y a la desgracia.

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  3. […] Dobló su largo cuerpo y cogió de los hombros a la
    adolescente, quien yacía semidesnuda sobre la paja húmeda.
    -¡Levántate! -le dijo en tono severo, como si quisiera descargar sobre aquella pobre criatura
    toda la amargura y el horror que sentía. Ella se paró asustada; había perdido toda su esperanza y en su imaginación veía a sus pequeños hermanos que se retorcían de dolor, con desesperación, hambrientos. Se cubrió los ojos con las manos y gritó:
    -¡Malo!... ¡Eres malo!, no me dejas ganar un par de panes para salvar a dos niños que se
    están muriendo de hambre. No han comido nada desde hace dos días. Por eso me he arriesgado a
    burlar la vigilancia de mi explotadora. ¡Quién sabe qué hará conmigo cuando se entere de mi fuga!
    Tal vez me pegará hasta matarme; ella es capaz de todo. ¡Es mala igual que tú!, ¡que Dios los
    castigue a los dos, que se los lleve al infierno y que allá se mueran: -dijo entre sollozos. Y se alejó
    corriendo.
    Pedro sintió pena por la muchacha, quería conocer sus problemas y tratar de ayudarla, pero
    ella corría como loca. Sus cabellos despeinados ondeaban al viento; las tiras de su falda flamearon,
    descubriendo la flacura de las caderas y los muslos desnudos. Su blusa se rasgó en la espalda; huía,
    como si la persiguieran monstruos.
    Al final del arenal había una grada que separaba la playa de las chacras y prados. Al llegar al
    primer peldaño, Ivanka quiso subir con velocidad, pero tropezó y cayó bruscamente; quedó atontada
    durante algunos segundos.
    Pedro llegó corriendo donde ella, y la tomó de las manos para ayudarla a levantarse, pero
    Ivanka lo rechazó enérgicamente.
    “¡Vete, maldito!, ¡no me toques!” gritó; furiosa.

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  4. -¡Por amor de Dios, chiquita, tranquilízate! Yo sólo quiero ayudarte. Cálmate y cuéntame lo
    que está pasando contigo. No temas... te comprenderé. Tengo experiencia con los sufrimientos.
    -¡Suéltame maldito!, ¡me has despreciado como a cualquier objeto! ¿Acaso mi carne no es
    como la de las otras? Prefieres pagarles a ellas, que tienen dinero, que viven solas y no tienen nadie a quién llevarle un poco de comida.
    -No se trata de eso -contestó Pedro con sentimiento-. Me gustaría ser tu amigo; tal vez
    podría ayudarte en algo; pero si me desprecias, vete -dijo el joven. Y mientras trataba de levantarla,
    le depositó en su pechera rota un billete de cinco coronas austriacas. La muchacha ni cuenta se dio
    del generoso gesto; se libró de las velludas y rudas manos que la levantaban y escapó con toda
    rapidez. Cuando sé hubo alejado, sintió que algo le rozaba la piel entre sus senos, se detuvo y vio
    con sorpresa que era un billete de cinco coronas. Rápidamente se dio cuenta que Pedro se lo había
    puesto mientras trataba de levantarla. Lo observó unos instantes, lo dobló más y lo guardó muy
    dentro para que no se cayera. Miró en dirección a Pedro y vio que caminaba con las manos en los
    bolsillos del saco, perdiéndose entre los olivares, camino hacia la ciudad. Meditó sobre el tan raro
    proceder de aquel hombre, que, no parecía ser de este mundo. Ningún otro la habría tratado así.
    Sintió pena y no quería que se alejara de ella el hombre que acababa de regalarle, un billete de ¡cinco
    coronas! Reconoció que eso sólo lo hacían personas extremadamente bondadosas, como las
    hermanas de las órdenes religiosas y pensó correr tras él para alcanzarle y pedirle que la perdonara.

    Vitko Novi, Apu, Un Mundo Sin dinero. Cap. I

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  5. No hay que olvidar la canción https://youtu.be/k2C5TjS2sh4

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